Mensaje del Decano

 
 

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La Carta a los Hebreos contiene  una de las reflexiones más profundas acerca de nuestro entendimiento de la persona de Jesucristo. Cuando la estudiamos con algún detalle reconocemos en su estilo y contenido la forma de un tratado teológico convertido, por virtud de su introducción y conclusión, en una carta para la Iglesia. El autor reconoció la necesidad de pensar coherente y organizadamente acerca del significado de Jesucristo para su persona, su comunidad y la Iglesia en general.  La carta proclama el carácter intercesor de Jesucristo; su humanidad y su divinidad; temas fundamentales de la cristología, o la rama de la teología que lidia con los asuntos de nuestro Redentor.

Esta reflexión acerca de la persona de Jesucristo es entonces el marco general desde donde leemos la cita al tope de esta carta: Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. La reflexión del capítulo 11 es entonces una personal y vital acerca de la identidad y objeto de nuestra fe.  Es decir, la fe encuentra sus huellas digitales (identidad) y un lugar amable y certero donde descansas (objeto).  La fe encuentra su certeza y con visión es nuestro entendimiento de Jesucristo como intercesor, como ser  humano y como Dios mismo.  Jesús es el puente que nos lleva a Dios; es ser humano y tiene ombligo como cada uno de nosotros y nosotras, y Su rostro nos muestra al Padre, por el poder y la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas.  De este modo la fe que fermenta nuestra conversión, que sustenta nuestro caminar bautismal, y que ajota nuestra esperanza en el reino, tiene un lugar firme donde afincarse, nutrirse y lanzarse a la vida.

El capítulo 11, y toda la carta a los Hebreos, nos modela, entonces, la manera en que cada ministro y ministra, cada líder laico y laica, y cada comunidad de fe, debe articular y proclamar su fe.  Una fe viva desde un encuentro vital con el crucificado que resucitó, y una reflexión seria, coherente y articulada que pueda trasmitir la fe a otros y a otras, y de generación a generación.  Esta es la labor que has asumido al matricularte en el Seminario Evangélico de Puerto Rico.  Esta es la vocación que has afirmado en tu comunidad de fe, y para esto son las competencias que te ofrecemos en cada curso, en cada conversación, en cada culto, en cada lectura, como parte de la vocación pedagógica, profética y ministerial que descarga nuestra institución cada día con entusiasmo y responsabilidad.

Nos regocijamos en tu llegada y te acompañaremos en tu jornada cada día.  Recibe un abrazo fuerte de bienvenida de parte de la Facultad, de la Administración, y de todo el personal del Seminario Evangélico de Puerto Rico.  El Espíritu de Dios nos ayudará a caminar juntos y juntas de modo que cumplamos a cabalidad el llamado que hemos recibido.

¡Un abrazo de gracia!

Dr. Francisco Javier Goitía Padilla
Decano Académico

 


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